Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel
que murió y resucitó por ellos" 2 Corintios 5:15
Mark Twain dijo: «Dentro de
20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que sí
hiciste; así que deshazte de las amarras de proa. Navega lejos del puerto
seguro. Explora. Sueña. Descubre».
Esta cita aparece en un sitio en la red
con la intención de ayudar a las personas a que descubran su pasión y puedan
tener una vida con mayor trascendencia.
La pasión en la vida del apóstol
Pablo estaba grandemente motivada por su preocupación por el destino eterno de
los demás. En 2 Corintios 5, él menciona tres cosas que alimentaban dicha
pasión. Primero, reconocía que era responsable ante Cristo por su servicio y
quería rendir buena cuenta de ello ante Su tribunal (vv. 9-10). Segundo, a Pablo
le motivaba el amor de Cristo y el deseo de que los demás conocieran el amor que
él había experimentado. En el versículo 14, escribió: «Porque el amor de Cristo
nos constriñe». Finalmente, él entendía que un mundo perdido y moribundo
necesita al Salvador (v. 20).
¿Qué te apasiona? La pasión de Pablo por las
personas estaba alimentada por el amor de Cristo, y la nuestra también debe
estarlo. Apliquemos las palabras de desafío de Twain a nuestros esfuerzos por
alcanzar a los demás: «Navega lejos del puerto seguro». Comparte el amor de
Cristo con alguien hoy.
Reflexión: Hablarle a Cristo acerca de los
demás, nos ayuda a hablarles a los demás acerca de Cristo.
lunes, 9 de abril de 2012
Ganar perdiendo
"... el que pierde su vida por causa de mí, la hallará" Mateo 10:39
¿Alguna vez jugaste al dominó? Cuando yo era muchacho, este era uno de los pasatiempos favoritos. Hace un tiempo, mientras visitaba a una familia, vi a un jovencito y a su abuelo jugando a este juego. Al pensar en los días de mi niñez, me vino a la mente un torrente de recuerdos.
Lo extraño del juego de dominó es que se gana perdiendo. Para ganar, tienes que perder tus fichas. El que primero se deshace de sus fichas gana. Tienes que dar para obtener, perder para ganar, ser reducido a nada para llegar a la cima. No es como el béisbol, el tenis u otros deportes, en lo que el mayor número de carreras, puntos o anotaciones determina al ganador. ¡No! En el dominó, el que triunfa es el que primero se queda sin nada.
La regla del hombre natural es: "Consigue todo lo que puedas". La del hombre espiritual debería ser: "Da todo lo que puedas". En la esfera espiritual, solo conservaremos para siempre aquello que damos. En la vida cristiana, debemos reducirnos a nada antes de llegar a ser algo. La semilla que se guarda en el granero se humedece y se deteriora, pero si se "arroja" en el suelo, aumenta 30, 60 y 100 veces más. "... si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo..." (Juan 12:24). Recuerda, Jesús lo dio todo. Él es nuestro ejemplo.
Reflexión: La vida es como jugar al tenis: No puedes ganar si no sirves bien.
¿Alguna vez jugaste al dominó? Cuando yo era muchacho, este era uno de los pasatiempos favoritos. Hace un tiempo, mientras visitaba a una familia, vi a un jovencito y a su abuelo jugando a este juego. Al pensar en los días de mi niñez, me vino a la mente un torrente de recuerdos.
Lo extraño del juego de dominó es que se gana perdiendo. Para ganar, tienes que perder tus fichas. El que primero se deshace de sus fichas gana. Tienes que dar para obtener, perder para ganar, ser reducido a nada para llegar a la cima. No es como el béisbol, el tenis u otros deportes, en lo que el mayor número de carreras, puntos o anotaciones determina al ganador. ¡No! En el dominó, el que triunfa es el que primero se queda sin nada.
La regla del hombre natural es: "Consigue todo lo que puedas". La del hombre espiritual debería ser: "Da todo lo que puedas". En la esfera espiritual, solo conservaremos para siempre aquello que damos. En la vida cristiana, debemos reducirnos a nada antes de llegar a ser algo. La semilla que se guarda en el granero se humedece y se deteriora, pero si se "arroja" en el suelo, aumenta 30, 60 y 100 veces más. "... si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo..." (Juan 12:24). Recuerda, Jesús lo dio todo. Él es nuestro ejemplo.
Reflexión: La vida es como jugar al tenis: No puedes ganar si no sirves bien.
A quien crucificaron con Jesús
Dios tenía sus razones para que Jesús fuese colgado entre dos malhechores. Él
quería demostrar las profundidades de la vergüenza a la que su Hijo deseaba
descender. En su nacimiento estuvo rodeado por bestias, y ahora, en su muerte,
por criminales. Nadie puede decir que Dios ha estado ajeno de la aflicción de
nuestro mundo caído. Él descendió para que nosotros pudiéramos ascender a una
nueva vida. Pero me estoy adelantando al relato. Volvamos nuestra atención a los
dos hombres que fueron crucificados con Jesús. Uno en especial llama nuestra
atención porque recibió una promesa que debemos compartir si vamos a estar en el
paraíso con nuestro Señor. Ésta es la seguridad para aquellos que están en los
hospitales muriendo de cáncer; ésta es también la esperanza para los fuertes y
saludables que algún día se enfrentarán a la muerte sin ningún aviso. Esta es la
esperanza para los peores y los mejores pecadores. ¡Qué día el de aquel ladrón
quien en la mañana fue crucificado, pero en la tarde fue recibido por Jesús en
el paraíso! Reflexionemos sobre este relato.
Los antecedentes penales de aquel hombre muestran que era criminal de oficio, "malo hasta los huesos", que en principio se unió con los enemigos de Jesús para burlarse de El: Así también lo insultaban los bandidos que estaban con él (Mateo 27:44). Su actitud fue idéntica a la de su socio en los delitos, que estaba colgado al otro lado de Jesús. No sabemos cuál era el más pecador de los dos, pero cualquiera de ellos hubiera sido puesto en los carteles de SE BUSCA en Jerusalén. Tan malo como era, nos representa a todos nosotros. Podríamos objetar diciendo que no somos ladrones, que no robamos bancos o le quitamos una cartera a una anciana que camina por la calle. Pero robamos de otra manera a veces tiempo, respeto, amor, etc.
Este ejemplo nos describe perfectamente a nosotros. Dios nos da la vida; nos da talentos; la habilidad de ganar dinero; amigos y aún así nos servimos a nosotros mismos y no a Él. En vez de darle la gloria, vivimos para nosotros e intencionalmente servimos a 'los intereses egoístas de Satanás. Si dejamos de compararnos unos con otros y mantenemos nuestros antecedentes ante Dios, veremos que no somos mucho mejor que el ladrón que se unió a su amigo para ridiculizar a Jesús. Aquel hombre no tenía ninguna opción, ya era demasiado tarde para empezar de nuevo, para esperar que sus buenas obras sobrepasaran las malas. El autor Arthur Pink lo puso en estas palabras: "Él no podía recorrer los caminos de la rectitud porque tenía un clavo en cada pie. Ya no podía hacer ninguna obra buena porque tenía un clavo en cada mano, no podía voltear la página y vivir una vida mejor porque estaba muriendo". Sin embargo, la impotencia no es una maldición si nos lleva al Único que puede ayudarnos. En realidad, si no somos indefensos, no podemos ser salvos. Allí en la cruz, aquel hombre -bienaventurado él- tuvo un cambio en su corazón y encontró al Salvador.
Los antecedentes penales de aquel hombre muestran que era criminal de oficio, "malo hasta los huesos", que en principio se unió con los enemigos de Jesús para burlarse de El: Así también lo insultaban los bandidos que estaban con él (Mateo 27:44). Su actitud fue idéntica a la de su socio en los delitos, que estaba colgado al otro lado de Jesús. No sabemos cuál era el más pecador de los dos, pero cualquiera de ellos hubiera sido puesto en los carteles de SE BUSCA en Jerusalén. Tan malo como era, nos representa a todos nosotros. Podríamos objetar diciendo que no somos ladrones, que no robamos bancos o le quitamos una cartera a una anciana que camina por la calle. Pero robamos de otra manera a veces tiempo, respeto, amor, etc.
Este ejemplo nos describe perfectamente a nosotros. Dios nos da la vida; nos da talentos; la habilidad de ganar dinero; amigos y aún así nos servimos a nosotros mismos y no a Él. En vez de darle la gloria, vivimos para nosotros e intencionalmente servimos a 'los intereses egoístas de Satanás. Si dejamos de compararnos unos con otros y mantenemos nuestros antecedentes ante Dios, veremos que no somos mucho mejor que el ladrón que se unió a su amigo para ridiculizar a Jesús. Aquel hombre no tenía ninguna opción, ya era demasiado tarde para empezar de nuevo, para esperar que sus buenas obras sobrepasaran las malas. El autor Arthur Pink lo puso en estas palabras: "Él no podía recorrer los caminos de la rectitud porque tenía un clavo en cada pie. Ya no podía hacer ninguna obra buena porque tenía un clavo en cada mano, no podía voltear la página y vivir una vida mejor porque estaba muriendo". Sin embargo, la impotencia no es una maldición si nos lleva al Único que puede ayudarnos. En realidad, si no somos indefensos, no podemos ser salvos. Allí en la cruz, aquel hombre -bienaventurado él- tuvo un cambio en su corazón y encontró al Salvador.
Hagamos un altar para Cristo
debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y
fiel sumo sacerdote..." Hebreos 2:17
Delante del sumo sacerdote, bajo el brillante sol de Medio Oriente, había dos machos cabríos sin defecto. Se echaron suertes, y el sacerdote lentamente condujo uno de ellos al altar para matarlo y ofrecerlo por el pecado del pueblo. Su sangre se roció sobre el propiciatorio. Ese macho cabrío fue un sacrificio.
El otro, conocido como Azazel, o cordero de la expiación, representa otra verdad. El sacerdote colocaba ambas manos sobre la frente del macho cabrio y confesaba los pecados de Israel. Después, lo soltaba y dejaba que fuera al desierto. Al perderse en aquel lugar, para no volver nunca más, simbólicamente llevaba consigo los pecados. Desaparecían. El pueblo se reconciliaba con Dios. Ese animal era un sustituto.
Ambos machos cabríos eran figuras de lo que Cristo haría por nosotros. La cruz se convirtió en un altar donde el Cordero de Dios dio Su vida como sacrificio por el pecado. Y lo que el macho cabrío representaba para los israelitas -la remoción de sus pecados- Jesús lo cumplió de verdad. Él se convirtió en nuestro sustituto. Al identificarnos con El por ser creyentes, nuestros pecados han sido borrados completamente.
Dos machos cabríos que representan dos verdades: sacrificio y sustitución. Ambas cosas se cumplieron en Cristo cuando murió en la cruz y expió por completo nuestros pecados. ¡Alabado sea Dios!.
Reflexión: Jesús ocupó nuestro lugar para darnos Su paz.
Delante del sumo sacerdote, bajo el brillante sol de Medio Oriente, había dos machos cabríos sin defecto. Se echaron suertes, y el sacerdote lentamente condujo uno de ellos al altar para matarlo y ofrecerlo por el pecado del pueblo. Su sangre se roció sobre el propiciatorio. Ese macho cabrío fue un sacrificio.
El otro, conocido como Azazel, o cordero de la expiación, representa otra verdad. El sacerdote colocaba ambas manos sobre la frente del macho cabrio y confesaba los pecados de Israel. Después, lo soltaba y dejaba que fuera al desierto. Al perderse en aquel lugar, para no volver nunca más, simbólicamente llevaba consigo los pecados. Desaparecían. El pueblo se reconciliaba con Dios. Ese animal era un sustituto.
Ambos machos cabríos eran figuras de lo que Cristo haría por nosotros. La cruz se convirtió en un altar donde el Cordero de Dios dio Su vida como sacrificio por el pecado. Y lo que el macho cabrío representaba para los israelitas -la remoción de sus pecados- Jesús lo cumplió de verdad. Él se convirtió en nuestro sustituto. Al identificarnos con El por ser creyentes, nuestros pecados han sido borrados completamente.
Dos machos cabríos que representan dos verdades: sacrificio y sustitución. Ambas cosas se cumplieron en Cristo cuando murió en la cruz y expió por completo nuestros pecados. ¡Alabado sea Dios!.
Reflexión: Jesús ocupó nuestro lugar para darnos Su paz.
Jesús es el camino la verdad y la vida
Jesús superó las expectativas del ladrón arrepentido. Te aseguro que hoy estarás
conmigo en el paraíso (Lucas 23:43). Se reunirían ese mismo día. La frase
estarás conmigo describe la comunión personal que disfrutarían juntos. La
bendición más grande para el cristiano es que Dios nos llame a tener comunión
con su Hijo (1 Corintios 1:9). La noche anterior, les había hecho una promesa
similar a sus amigos más cercanos: Y si me voy y se lo preparo, vendré para
llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté (Juan I 4:3).
Increíblemente, jaque! ladrón recibió la misma promesa que recibieron los
discípulos! Estaba tan seguro en los brazos de Jesús como lo habría estado si le
hubiera servido desde su juventud.
Obviamente, Jesús murió antes que el ladrón, y estuvo listo para recibirlo en la morada eterna. Spurgeon escribió que aquel "hombre que fue la última compañía que tuvo nuestro Señor en la tierra", fue su "primera compañía en las puertas de! paraíso". El ladrón estuvo con Él durante la condenación y horas más tarde estaba con Él en la Salvación. Si el Cristo moribundo le pudo dar al ladrón una promesa de salvación eterna, ¡piense en lo que puede hacer el Cristo viviente!
A riesgo de ser más claro de lo que debería ser, resalto los siguientes hechos acerca de la salvación del ladrón:
- No hizo una parada intermedia en el purgatorio, cuando iba hacia el paraíso.
- No fue bautizado
- No recibió los últimos ritos de la santa comunión
- No le pidió ayuda a María, quien estaba a los pies de la cruz, para poder acercarse a Jesús.
Con el fin de enfatizar más la promesa, Jesús la precedió con estas palabras: 'Te digo la verdad". Esta fue una promesa girada al banco del cielo, tan digna de confianza como el hombre que la había hecho. Colgado en aparente impotencia, Jesús todavía controlaba la puerta al paraíso. Tenía poder para hacer una promesa a los que se arrepintieran, y para juzgar a los culpables. Nunca Jesús actuó más verdaderamente como Rey, que en aquel momento.
Obviamente, Jesús murió antes que el ladrón, y estuvo listo para recibirlo en la morada eterna. Spurgeon escribió que aquel "hombre que fue la última compañía que tuvo nuestro Señor en la tierra", fue su "primera compañía en las puertas de! paraíso". El ladrón estuvo con Él durante la condenación y horas más tarde estaba con Él en la Salvación. Si el Cristo moribundo le pudo dar al ladrón una promesa de salvación eterna, ¡piense en lo que puede hacer el Cristo viviente!
A riesgo de ser más claro de lo que debería ser, resalto los siguientes hechos acerca de la salvación del ladrón:
- No hizo una parada intermedia en el purgatorio, cuando iba hacia el paraíso.
- No fue bautizado
- No recibió los últimos ritos de la santa comunión
- No le pidió ayuda a María, quien estaba a los pies de la cruz, para poder acercarse a Jesús.
Con el fin de enfatizar más la promesa, Jesús la precedió con estas palabras: 'Te digo la verdad". Esta fue una promesa girada al banco del cielo, tan digna de confianza como el hombre que la había hecho. Colgado en aparente impotencia, Jesús todavía controlaba la puerta al paraíso. Tenía poder para hacer una promesa a los que se arrepintieran, y para juzgar a los culpables. Nunca Jesús actuó más verdaderamente como Rey, que en aquel momento.
fe es la clave para llegar al cielo
En el "Salón de la Fama de la Fe" de Hebreos 11, solo se mencionan dos mujeres
por su nombre: Sara, la esposa de Abraham (vs. 11), y Rahab, la ramera de Jericó
(vs. 31). Sara fue una mujer piadosa, la esposa del fundador de la raza hebrea;
y Dios utilizó su cuerpo consagrado para traer al mundo a Isaac. En cambio,
Rahab era una gentil impía que adoraba dioses paganos y vendía su cuerpo por
dinero. Humanamente hablando, Sara y Rahab no tenían nada en común. Pero desde
el punto de vista divino, Sara y Rahab compartían la cosa más importante de la
vida: ambas ejercieron una fe salvadora en el Dios vivo y verdadero. La Biblia
no solo asocia a Rahab con Sara, sino que en Santiago 2:21-26 también está
asociada con Abraham. Santiago usó los ejemplos de Abraham y Rahab para ilustrar
el hecho que la verdadera fe para salvación siempre se demuestra con buenas
obras. Pero todavía hay más: ¡la Biblia asocia a Rahab con el Mesías! Cuando
usted lee la genealogía del Señor Jesucristo en Mateo 1, encuentra en la lista
el nombre de Rahab (v. 5), aliado de Jacob, David, y de otros miembros famosos
del linaje mesiánico. ¡Sin duda fue un gran avance, desde haber sido una
prostituta pagana hasta convertirse en antepasada del Mesías! "Mas cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia" (Ro. 5:20). Pero recuerde que lo más
importante acerca de Rahab era su fe. Esa es la cosa más importante en cuanto a
cualquier persona, ya que "sin fe es imposible agradar a Dios" (He. 11:6). No
todo lo que se denomina "fe" es, en realidad, fe verdadera, la clase de fe que
se describe en la Biblia. ¿Qué clase de fe tuvo Rahab?
Una fe valiente (Jos. 2:1-7)
Tanto Hebreos 11:31 como Santiago 2:25 indican que Rahab había puesto su fe en Jehová Dios antes de que los espías llegaran por primera vez a Jericó. Al igual que la gente de Tesalónica, ella se había convertido " de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero" (1 Ts. 1:9). No fue como la gente de Samaria siglos después, que "temían a Jehová, y [al mismo tiempo] honraban
a sus dioses" (2 R. 17:33). Jericó era una de muchas "ciudades-estado" de Canaán, cada una de las cuales era gobernada por un rey (véase Jos. 12:9-24).
La ciudad abarcaba unas tres a cuatro hectáreas, y hay evidencias arqueológicas que estaba protegida por murallas dobles de unos cinco metros de altura. La casa de Rahab estaba en el muro de la ciudad (2:15).
Mientras tanto, Jericó era una ciudad estratégica en los planes de Josué para la conquista de Canaán. Después de tomar Jericó, Josué podía atravesar todo el territorio para dividirlo; de esa manera sería mucho más fácil derrotar a las ciudades del sur para seguir después con las del norte.
Cuarenta años atrás, Moisés había enviado doce espías a Canaán; solamente dos de ellos habían dado un informe alentador (Nm. 13). Josué envió a dos hombres a espiar el territorio y especialmente para obtener información acerca de Jericó. Josué quería saber cómo habían reaccionado los habitantes de la ciudad ante la llegada del pueblo de Israel. Como Josué sabía que Dios ya le había entregado la tierra y la gente, el hecho de enviar espías no fue un acto de incredulidad (véase 1:11, 15). Un buen general quiere saber todo lo que pueda acerca del enemigo antes de ir a la batalla.
¿Cómo lograron los espías llegar a la ciudad sin ser reconocidos de inmediato como extranjeros? ¿Cómo se encontraron con Rahab? Ciertamente debemos creer en la providencia de Dios al ver cómo se desenvuelve este drama. Rahab era la única persona en Jericó que creía en el Dios de Israel, y Dios condujo a los espías directamente a ella.
Si usted desea aprender más sobre la vida de fe de Rahab, le invitamos a estudiar el libro de Josué.
Una fe valiente (Jos. 2:1-7)
Tanto Hebreos 11:31 como Santiago 2:25 indican que Rahab había puesto su fe en Jehová Dios antes de que los espías llegaran por primera vez a Jericó. Al igual que la gente de Tesalónica, ella se había convertido " de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero" (1 Ts. 1:9). No fue como la gente de Samaria siglos después, que "temían a Jehová, y [al mismo tiempo] honraban
a sus dioses" (2 R. 17:33). Jericó era una de muchas "ciudades-estado" de Canaán, cada una de las cuales era gobernada por un rey (véase Jos. 12:9-24).
La ciudad abarcaba unas tres a cuatro hectáreas, y hay evidencias arqueológicas que estaba protegida por murallas dobles de unos cinco metros de altura. La casa de Rahab estaba en el muro de la ciudad (2:15).
Mientras tanto, Jericó era una ciudad estratégica en los planes de Josué para la conquista de Canaán. Después de tomar Jericó, Josué podía atravesar todo el territorio para dividirlo; de esa manera sería mucho más fácil derrotar a las ciudades del sur para seguir después con las del norte.
Cuarenta años atrás, Moisés había enviado doce espías a Canaán; solamente dos de ellos habían dado un informe alentador (Nm. 13). Josué envió a dos hombres a espiar el territorio y especialmente para obtener información acerca de Jericó. Josué quería saber cómo habían reaccionado los habitantes de la ciudad ante la llegada del pueblo de Israel. Como Josué sabía que Dios ya le había entregado la tierra y la gente, el hecho de enviar espías no fue un acto de incredulidad (véase 1:11, 15). Un buen general quiere saber todo lo que pueda acerca del enemigo antes de ir a la batalla.
¿Cómo lograron los espías llegar a la ciudad sin ser reconocidos de inmediato como extranjeros? ¿Cómo se encontraron con Rahab? Ciertamente debemos creer en la providencia de Dios al ver cómo se desenvuelve este drama. Rahab era la única persona en Jericó que creía en el Dios de Israel, y Dios condujo a los espías directamente a ella.
Si usted desea aprender más sobre la vida de fe de Rahab, le invitamos a estudiar el libro de Josué.
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