debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y
fiel sumo sacerdote..." Hebreos 2:17
Delante del sumo sacerdote, bajo el
brillante sol de Medio Oriente, había dos machos cabríos sin defecto. Se echaron
suertes, y el sacerdote lentamente condujo uno de ellos al altar para matarlo y
ofrecerlo por el pecado del pueblo. Su sangre se roció sobre el propiciatorio.
Ese macho cabrío fue un sacrificio.
El otro, conocido como Azazel, o cordero
de la expiación, representa otra verdad. El sacerdote colocaba ambas manos sobre
la frente del macho cabrio y confesaba los pecados de Israel. Después, lo
soltaba y dejaba que fuera al desierto. Al perderse en aquel lugar, para no
volver nunca más, simbólicamente llevaba consigo los pecados. Desaparecían. El
pueblo se reconciliaba con Dios. Ese animal era un sustituto.
Ambos machos
cabríos eran figuras de lo que Cristo haría por nosotros. La cruz se convirtió
en un altar donde el Cordero de Dios dio Su vida como sacrificio por el pecado.
Y lo que el macho cabrío representaba para los israelitas -la remoción de sus
pecados- Jesús lo cumplió de verdad. Él se convirtió en nuestro sustituto. Al
identificarnos con El por ser creyentes, nuestros pecados han sido borrados
completamente.
Dos machos cabríos que representan dos verdades: sacrificio y
sustitución. Ambas cosas se cumplieron en Cristo cuando murió en la cruz y expió
por completo nuestros pecados. ¡Alabado sea Dios!.
Reflexión: Jesús
ocupó nuestro lugar para darnos Su paz.
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