"... el que pierde su vida por causa de mí, la hallará" Mateo 10:39
¿Alguna
vez jugaste al dominó? Cuando yo era muchacho, este era uno de los pasatiempos
favoritos. Hace un tiempo, mientras visitaba a una familia, vi a un jovencito y
a su abuelo jugando a este juego. Al pensar en los días de mi niñez, me vino a
la mente un torrente de recuerdos.
Lo extraño del juego de dominó es que se
gana perdiendo. Para ganar, tienes que perder tus fichas. El que primero se
deshace de sus fichas gana. Tienes que dar para obtener, perder para ganar, ser
reducido a nada para llegar a la cima. No es como el béisbol, el tenis u otros
deportes, en lo que el mayor número de carreras, puntos o anotaciones determina
al ganador. ¡No! En el dominó, el que triunfa es el que primero se queda sin
nada.
La regla del hombre natural es: "Consigue todo lo que puedas". La del
hombre espiritual debería ser: "Da todo lo que puedas". En la esfera espiritual,
solo conservaremos para siempre aquello que damos. En la vida cristiana, debemos
reducirnos a nada antes de llegar a ser algo. La semilla que se guarda en el
granero se humedece y se deteriora, pero si se "arroja" en el suelo, aumenta 30,
60 y 100 veces más. "... si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda
solo..." (Juan 12:24). Recuerda, Jesús lo dio todo. Él es nuestro
ejemplo.
Reflexión: La vida es como jugar al tenis: No puedes ganar si
no sirves bien.
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